
Fundación Asprodisis recibirá el Galardón PedroRomero de ASOPE en la Feria 2026
23 de julio de 2026Herminia Carballo lleva 24 años formando parte de Fundación Asprodisis, casi la mitad de la historia de una entidad que este año celebra su 50.º aniversario. Durante este tiempo ha sido testigo de la profunda transformación que ha experimentado la atención a las personas con discapacidad intelectual, viviendo en primera persona la evolución de los apoyos, las metodologías de trabajo y la forma de entender la discapacidad.
Actualmente trabaja en los talleres del Centro de Día Ocupacional y también se encarga del servicio de transporte, una responsabilidad que le permite mantener un contacto diario y muy cercano con las personas con discapacidad intelectual y con sus familias. En esta entrevista repasa los cambios vividos en más de dos décadas de trayectoria, reflexiona sobre la importancia de escuchar a cada persona y explica cómo el cambio hacia un modelo de atención centrado en la persona ha mejorado la calidad de vida de quienes forman parte de Fundación Asprodisis.
P.- ¿Cómo ha cambiado la manera de trabajar desde que empezaste en la entidad?
R. –Ha cambiado mucho la forma de abordar los problemas de conducta. Antes se recurría a medidas restrictivas, como la inmovilización. Hoy ese tipo de actuaciones ya no forman parte de nuestra manera de trabajar.
Además, antes tampoco se tenían en cuenta las opiniones de las personas con discapacidad intelectual. Éramos los profesionales quienes decidíamos lo que se hacía y simplemente se hacía así.
Ahora trabajamos desde otra perspectiva. Cuando aparece un problema de conducta, lo primero que hacemos es intentar entender por qué se produce. Buscamos información y analizamos qué puede haber detrás de esa conducta para poder ayudar a la persona. Hay personas que no pueden, o no saben, explicar si les duele algo, si han tenido algún problema en casa, si ha ocurrido algo con un compañero o con un profesional. Muchas veces esas situaciones son las que desencadenan conductas que antes simplemente se intentaban corregir.
Por eso, ahora se analiza cada caso y se buscar la mejor manera de intervenir. Ese cambio de metodología ha dado resultados. Tenemos personas que hace años presentaban problemas de conducta muy importantes y que hoy los tienen prácticamentecontrolados.
P.- También han cambiado mucho los talleres. ¿Cómo eran entonces y cómo son ahora?
R.-Han cambiado muchísimo.Siempre he estado muy vinculada a los talleres. Antes predominaban las actividades de ocio, como salir a caminar. Las actividades productivas eran muy limitadas.
Ahora prácticamente todas las personas que participan en los talleres realizan trabajos significativos. Ven el resultado de lo que hacen y eso les permite sentirse útiles y realizados.
P.- ¿Qué necesita una persona con discapacidad para desenvolverse bien en un taller?
Lo más importante es el acompañamiento. Hay que explicar la tarea, apoyarla y adaptarse a las necesidades de cada persona.
Algunas comprenden perfectamente una explicación verbal, mientras que otras necesitan que les enseñes cómo hacerlo trabajando junto a ellas.
P.- ¿Las rutinas son fundamentales?
Sí. Hay personas que pueden cambiar de tarea sin dificultad, pero otras necesitan realizar siempre la misma actividad y de la misma forma.
Por eso es importante que quienes trabajamos en los talleres conozcamos cómo aprende y cómo trabaja cada persona. Mantener esa continuidad les ayuda a conservar las habilidades que han adquirido.
R.- En estos cambios, ¿qué papel ha tenido la formación de los profesionales?
Ha sido fundamental.La experiencia diaria enseña mucho, pero también necesitamos la formación y las orientaciones que recibimos, especialmente por parte de la psicóloga. Ella nos proporciona herramientas y pautas para afrontar situaciones que, de otra manera, serían mucho más difíciles.
Además, nunca dejamos de aprender de las propias personas con discapacidad. Muchas veces descubres que una tarea puede hacerse mejor gracias a la forma en que ellas mismas la realizan. También hay que saber escucharlas.
P.- ¿Crees que la sociedad ha cambiado su forma de ver la discapacidad intelectual?
R.-Sí, ha cambiado mucho, aunque todavía queda camino por recorrer.
Recuerdo que antes, cuando salíamos con un grupo, había personas que incluso se apartaban o se asustaban si alguien se acercaba a saludarlas o darles un abrazo.
Hoy eso ocurre mucho menos. También ha cambiado el lenguaje. Antes era frecuente escuchar comentarios despectivos; ahora es algo mucho más excepcional.
P.- Siempre se dice que para trabajar en este ámbito hay que «servir». ¿Qué opinas?
R.-Yo diría que, más que servir, tiene que gustarte trabajar con personas.
Hace falta paciencia, claro, pero también recibes muchísimo cariño. De hecho, creo que ellos nos dan mucho más cariño del que nosotros les damos.
Si a alguien no le gusta relacionarse con las personas, probablemente este no sea su sitio, independientemente de que exista o no una discapacidad.
P.- ¿Hay días realmente difíciles?
Sí, claro. Pero, sinceramente, son los menos. Hay muchísimos más días buenos que malos. Los días complicados se pueden contar con los dedos de una mano.
R.- ¿Es posible desconectar al terminar la jornada?
Lo intentas, pero no siempre se consigue.
Los problemas de conducta procuro dejarlos aquí, pero cuando una persona está triste, porque esperaba una visita que no ha llegado o porque está pasando un mal momento, es muy difícil no seguir pensando en ella cuando sales del trabajo.
P.- Las familias también forman parte del día a día de Fundación Asprodisis. ¿Qué les dirías a quienes tienen que tomar la decisión de que su hijo o familiar venga al centro?
R.-Es una decisión muy difícil y lo entiendo perfectamente.
He hablado muchas veces con familias que tenían dudas y algunas acabaron solicitando una plaza. Hay padres muy mayores que ya necesitan apoyo ellos mismos y siguen cuidando de hijos con grandes necesidades.
Siempre les digo que no esperen al último momento. Conseguir una plaza lleva tiempo y llegará un momento en el que ellos ya no podrán ofrecer todos los apoyos que su familiar necesita.
Aquí las personas tienen oportunidades para relacionarse, participar en actividades, formarse y desarrollarse. En muchos casos eso no es posible cuando permanecen todo el día en casa.
Creo que cada vez hay menos prejuicios, aunque todavía existen familias a las que les cuesta dar ese paso, muchas veces por el miedo al qué dirán.
P.- Has vivido prácticamente la mitad de la historia de Fundación Asprodisis. ¿Qué le deseas en su 50.º aniversario?
R.- Le deseo que siga creciendo como lo ha hecho hasta ahora, que continúe mejorando cada día y ofreciendo el mejor apoyo posible tanto a las personas con discapacidad intelectual como a sus familias.
Ojalá siga avanzando durante muchos años más, ayudando a muchas personas y haciéndolo cada vez mejor.





